¿Qué es La Coleccionista de Lágrimas?

Atento a la sinopsis en el primer apartado de la columna de la derecha :) Disfruta de la lectura.
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3.4.10

Cap. Cinco (parte tres)

Cat miró molesta a Rubber, quien le devolvió una mirada inocente acompañada de una tierna sonrisa. Tras la breve conversación no verbal, flexionó las rodillas, se inclinó unos grados hacia atrás, alzó el brazo y, rezando por exhibir una puntería que no sabía si tenía, lanzó la piedra hacia la primera ventana. Falló. Rubber rió en silencio, pero Cat se percató de ello y con una patada, le lanzó un puñado de gravilla.
-¡Ay!-Se quejó el muñeco.
-Si tan listo te crees, ¡lánzalas tú!
Rubber calló. Sabía que con su corta estatura no iba a conseguir demasiado.
Catherine se hizo con otra piedra y probó suerte una vez más. Acertó.
-¡Bien!-Susurró extasiada.
Aguardaron unos segundos. Por las rendijas de la ventana cerrada se escaparon unos rayos de luz, lo cual significaba que habían conseguido llamar la atención de quien fuera que hubiera dentro, ¿Lyan? Las puertas viejas de la ventana se abrieron.
-¿Lyan?-Preguntó Cat.-Soy Catherine, Catherine Alis... ¡Aaaa!- Desde la ventana calló una cascada de agua. Quien quiera que durmiera en esa habitación, no era Lyan. Pero sí tenía un cubo cerca.
-¡Váyase a molestar a otra parte o llamaré a la guardia!-Se escuchó la voz ronca de alguien que ya se acercaba mucho a la vejez. Catherine no pudo distinguir su rostro pero, con suerte, pudo esquivar la repentina lluvia que se le cernió encima.
-¡Disculpe!-Bajo la capucha torció una mueca de arrepentimiento, pero el molesto inquilino no pudo verla. Simplemente cerró la ventana de un portazo.
-Prueba otra vez, Cat. Quizá ahora nos tiren algo para acompañar al agua. Un poco de pan no estaría mal, estoy hambriento.
-Si no te decides a acabar con tus bromas, acabaré yo con ellas de una forma que no va a gustarte nada, Rubber.-Catherine discutía con su amigo mientras se hacía a tientas con otra piedra.
Con algo de miedo, Cat adoptó su postura de lanzadora e intentando apuntar a la siguiente ventana -y rezando por no volver a dar en la primera-, lanzó la piedra. Ésta atinó justo en medio de la madera, provocando un sonido por el cual parecía que se iba a desintegrar. Nada.
-No habrá nadie.
-Tiene que haber alguien, la posada está cerrada. Eso significa que no hay sitio para nadie más.-Dedujo Cat.
Se agachó, cogió otra piedra y volvió a lanzarla a la misma ventana. Esperó. A los pocos segundos, unos pasos en la lejanía afirmaron la teoría de Cat. Lentamente se abrieron las puertas de la ventana.
-¿Puedo ayudarte en algo, muchacho?- Una pícara voz llegó hasta donde estaban Cat y Rubber. Desde la ventana asomaba medio cuerpo de una hermosa y semi desnuda joven que sonreía mientras se mesaba el alborotado cabello rubio.
-Me llamo Catherine, estoy buscando al señor Danniel Lyan.-Contestó Cat. La joven de la ventana cambió su tono de voz.
-Oh. ¿Te refieres al apuesto muchacho que se hospeda aquí también?-Rió.- ¡No creo que a estas horas de la noche vinieras a buscar a nadie más!- Catherine se encogió de hombros, ¿era Lyan apuesto?- Está en el piso de abajo, creo que en la ventana de la izquierda... Aún no he tenido el placer de comprobarlo.- Añadió seductora.
-Gracias. Y disculpe haberla molestado. Buenas noches, señorita.
-Buenas noches.-Alargó sus finos brazos y, sin decir nada más, cerró la ventana.
-Qué suerte.
-Y no ha habido bombardeos.-Añadió Rubber.
-Abajo... a la... iz...quierda...-Recitaba Cat mientras buscaba otra piedra con la que atentar contra la ventana de Lyan.
-Todavía estamos a tiempo de volver a casa, Cat.-Rubber hablaba en serio esta vez, pero Catherine ya jugueteaba con una piedrecilla en su mano.
-No. Ya hemos venido hasta aquí, Rubber. Y no me queda nada que perder.-Lanzó la piedra. Acertó a la primera.
-Al menos estás cogiendo puntería.
No se escuchó nada. Catherine aguardó impaciente unos instantes y se agachó buscando otra roca. Se flexionó y, lanzó. Falló.
-¡Rayos!
-Será por piedras en el campo, Cat. Tranquilízate.-Intentaba calmarla Rubber.
Tras palpar unos segundos el suelo, cogió otra piedra y sin pensarlo la lanzó con más fuerza. El impacto casi perforó la ventana. Se iluminó la habitación casi instantaneamente. Tras escuchar unos pies que se arrastraban por el piso, se abrió la ventana con un ya conocido rechinar.
-¿Quien va?-Preguntó una voz somnolienta.
Era él.


Continuará...

21.3.10

Cap. Cinco (parte dos)

Catherine sonrió levemente.
-Hacía años que no regresaba al pueblo. Ni siquiera sé cómo lo hemos encontrado a la primera.
-¡Intuición femeni...!- Cat aplastó la cabeza de Rubber hacia el fondo de su bolsillo antes de que este pudiera acabar su ingenioso comentario. Acalladas las bromas de su amigo, Catherine juntó sus manos contra su boca, exhaló aire caliente dentro de ellas y, continuó el camino.
Rubber, molesto, permaneció callado el resto del camino, dejando escuchar simplemente el ruido de los zapatos de Cat aprisionando la tierra. Conforme se acercaba a lo que parecía Dalarna, aumentaba en ella una sensación angustiosa, como si le estuvieran haciendo un nudo marinero en la boca del estómago. Instintivamente, se tapó con firmeza el hueco de su pecho. Sabía que a aquellas horas, nadie iba a salir a meterle el dedo en la herida, pero el peso de las burlas se habían acumulado en su garganta y le impedían tragar con facilidad, respirar con normalidad.
Como pensaba, aquella sombra erguida entre la niebla nocturna, era el elevado campanario de su pueblo natal. Aquél campanario que durante su infancia, le anunció cada hora y cada entrada a misa los domingos -aunque nunca fue muy partidaria de acudir con regularidad a la iglesia-. El párroco siempre le pareció un tipo agradable. Un anciano de pelo cano y el rostro algo consumido por el tiempo, a excepción de su inmaculada sonrisa, con la cual parecía que los años habían hecho una excepción. La mirada de aquél hombre cuando paseaba por la plaza, siempre le había transmitido compasión y paz. Se preguntaba qué pensaría de ella en estos momentos si tocara a su puerta a más de mitad de la noche y tras más de cinco años.
El pueblo se encontraba totalmente desierto, durmiendo en todos los sentidos a la vez que dormía el día entre las montañas. Cat ciñó la capucha en torno a su rostro con fuerza, evitando cualquier tipo de visualización que permitiera que alguien pudiera reconocerla. Sus zapatos callaban al pisar la piedra que vestía las calles.
A Catherine le parecía reconocer cada rincón que pisaba, cada silueta de las casas que se atrevía a observar. Alzó sólo la cabeza cuando un obstáculo se interpuso en su paseo espectral por el pueblo. Aunque prefirió haberse tropezado sin saber con qué.
-¿Por qué nos paramos? ¿Hemos llegado?- Susurró Rubber.
-No.
-¿Y por qué nos detenemos?- El muñeco observó lo que tenía delante.
-¿La ves?- Cat permanecía inmersa en un recuerdo hipnótico.
-Si. Es una fuente, ¿y qué?
-No es simplemente 'una fuente'.-replicó- En esta fuente nos encontramos Axel y yo por primera vez. Aquí, bajo el sol, me enamoré.
Todo estaba oscuro, y bajo la capucha, Rubber no podía ver el rostro de Cat. Pero podía sentir sus lágrimas como si fueran las suyas propias.
-Un buen empujón a la fuente es lo que merecía.-Bromeó mientras le daba pequeños codazos a su amiga.-¡Si hubiera estado yo aquí! ¿Eh, Cat?
Catherine apreció el intento del pequeño por animarla, pero, hacía tiempo que nada le levantaba las ganas de vivir. Se limpió las lágrimas con la mano y continuó caminando en mitad de la noche por mitad de un pueblo ausente.
-¿Recuerdas dónde está la posada?
Cat dudó.
-Creo que no.
-¿Y cómo vamos a encontrarla?
-Deja de dormir y busca un letrero en el que veas escrito 'posada'.- Rubber frunció el ceño ante la orden de Cat. Pero, agudizó la vista y observó cada cartel con el que se cruzaban.
-Panadería... Boticario... Taberna...- Canturreaba.
-¿Vas a interpretarme cada cartel que leas?- Rió Cat.
-Le dará un toque romántico a la noche. Otra taberna... Carnes... Pescados... ¡Posada!
-¡Calla, Rubber!
-Lo siento.-Se avergonzó ante su inexplicable emoción.-La he encontrado, Cat, ahí.-Rubber sacó su bracito de tela del bolsillo y señaló el cartel de madera que tenían justo delante de ellos.
La tabla de madera rezaba en letras doradas la palabra 'posada'. Colgaba de unos hierros oxidados fijos en una fachada blanca roída por el paso del tiempo. Las ventanas, cerradas, tenían un color marrón sin vida y, la puerta adornada con flores frescas le daba el único toque alegre y jovial del que podía presumir aquella casucha.
-Si no fuera porque es la única posada del pueblo, no creo que nadie quisiera alojarse aquí.-Sentenció Rubber.
-Me has leído el pensamiento, amigo mío.
-Y ahora, ¿cómo piensas dar con él?
Catherine agachó la cabeza inspeccionando el suelo que tenía bajo sus pies.
-¿Qué buscas, Cat?
-¡Esto!-Bajó la mano hasta la altura de sus zapatos y cogió una pequeña piedra que se había desprendido de las demás. Rubber rió.
-¿Vas a ir tirando piedras a todas las ventanas hasta que des con él?
-¡Qué remedio!
El pequeño salió del bolsillo de Cat y, divertido, se sentó en el bordillo de la posada a observar.
-¡Buena suerte entonces! Esto va a estar bastante entretenido.


Continuará...

19.3.10

Cap. Cinco

Rubber enarcó una ceja como quien oye un idioma extranjero.
-¿Perdona?
-Nos vamos a buscar a Axel.
-¿Has perdido también el cerebro, Cat?
Catherine le miró furiosa.
-No. Pero es la única forma de demostrarle al mundo que él no es como piensan ni quien piensan. Limpiaré su nombre y barreré mis dudas. Y así le haré entrar en razón, volverá aquí conmigo y todo será como antes. No aguanto más las burlas, los rumores y... el espantoso silencio que han dejado mis latidos.
Rubber calló, sabía que era inútil discutir con Catherine, y menos cuando se encontraba tan decidida como en esos momentos. Además de que la superaba en estatura y fuerza.
-Bien, ¿y cómo piensas encontrarle?
-Lyan me ayudará.
Rubber saltó de la cama.
-¡Ah, no, no, no! ¡Ni hablar, Catherine!- Cat sonrió al escuchar su nombre completo. Sonaba como una regañina de los labios de una madre.
-¿Y por qué no?
-¿Más hombres en tu vida, Cat?
Catherine miró irónica a Rubber.
-Si no recuerdo mal, tu eras partidario de que saliera a recibirle y le invitara a entrar.
-Ya, bueno, pero no pensaba que luego saldrías corriendo detrás de él. Con un poco de conversación, un té y unas risas hubiera bastado, Cat.
-No voy a salir corriendo, sólo quiero que me diga ¡ya que sabe tanto y lee tanto sobre el tema! dónde se encuentra. Y así también le daré en los morros con sus acusaciones.
El pequeño muñeco suspiró. Sabía perfectamente que no iba a dejar que Catherine saliera sola, y mucho menos la dejaría con aquél hombre que sólo le había traído más quebraderos de cabeza. Caminó silencioso hasta donde Cat se encontraba, sujetando ya el pomo de la puerta entre sus manos. Trepó por su pierna y se acomodó en un pequeño bolsillo de la capa, deseando interiormente haber sido más grande para atar a su testaruda amiga a la cama.
Chirrió la madera en la muda noche y, cubierta con la capa como una sombra, marchó atravesando la oscuridad bosque a través.
-¿Dónde piensas ir?-Gruñó Rubber.
-Al pueblo. Siendo las horas que eran, no creo que se marchara para que la noche lo descubriera a mitad camino. Se habrá alojado en la posada del pueblo.-Catherine parecía muy segura de sus palabras. Caminaba decidida, sin mirar al pequeño que viajaba en su bolsillo.
El bosque cuando oscurecía no era apto para gente asustadiza. Las frondosas copas evitaban que la luz de la Luna alumbrara el suelo y podías caer por cualquier agujero o tropezar, sin nisiquiera haber empezado a caminar. Sólo de vez en cuando, a través de alguna rama semi caída, podías observar al maravilloso satélite nocturno que intentaba con curiosidad hacerse un hueco para enterarse de qué ocurría en el nocturno bosque de Dalarna.
Las pisadas de Cat retumbaban con un eco sordo, importunando a las alimañas nocturnas que interrumpían sus quehaceres para observar a la intrusa. Rubber se escondía entre las telas, farfullando para sí frases que no llegaban a los oídos de su amiga, pero que debían de sonar algo así como 'esto no va a salir bien', 'nos va a comer un oso, o un tigre, ¡o un dragón!' 'luego le diré: se lo dije!'. Aunque no pasó mucho tiempo hasta que los fríos ojos del muñeco, se sumieron en un ligero sueño con el mecer de la capa de Cat.
Catherine intentaba no levantar la vista del suelo, le aterraba tropezar con cualquier cosa y caer. Pero más aún le aterraba encontrarse con lo que pudiera sorprenderle si alzaba la vista. De vez en cuando el ulular de alguna lechuza aliviaba su agitada respiración, tomándolo como una señal para que continuara caminando. Pensó en varias ocasiones (sobre todo después de superar el sobresalto de algún ratoncillo que se meneaba entre matorrales) en darse la vuelta, volver a casa y pasar el resto de sus días bajo la colcha haciendo caso omiso a los reproches de Rubber. Pero al instante volvía el rostro de Axel, susurrando en sus oídos que continuara caminando, que llegara hasta donde él se encontraba.
Hacía frío. El vaho escapaba de entre sus labios como si expulsara el alma con cada respiración. Se frotaba las manos con regularidad, intentando no perder la sensibilidad en ellas, aunque parecía en vano, ya que el ambiente de madrugada en aquél bosque era gélido, impasible.
Cuando ya empezaba a no sentir los pies, pudo vislumbrar tras una colina una luz ténue y la sombra de algo que, con todas sus fuerzas, deseó que fuera un campanario.
-¿Ya hemos llegado?-Rubber asomó su cabecita y se frotó los ojos.
-Eso parece, aunque tendremos que acercanos más para asegurarnos.
-¿Estás cansada?
Catherine sonrió levemente.


Continuará...